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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Lección 6: 
Lo étnico y el discipulado 

Para el 9 de febrero de 2008 
Lee: Mateo 15:21-28; Lucas 7:1-10; Juan 1:3; Hechos 10:28, 34, 35; 11:25-30. 

Descubre: ¿Cómo puede funcionar el discipulado entre grupos heterogéneos? ¿Qué función tiene el tacto para fu- 
sionar discípulos con raíces culturales diferentes? ¿Quiénes son los grupos de tu sociedad que a menudo son 
olvidados? ¿Qué estamos haciendo para alcanzar a aquellos que nos necesitan como comunidad o como 
iglesia? ¿Cómo podemos hacer que Cristo venga a la vida para aquellos a quienes procuramos alcanzar? 

Memoriza y considera: "A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos" (1 Co- 
rintios 9:22). 

Pensamiento clave: ¿Qué otros ejemplos tenemos de que Jesús ministró a otros aparte de los judíos? 
¿Quiénes eran los temerosos de Dios y qué podemos aprender de ellos acerca del discipulado? ¿Qué po- 
demos aprender hoy del modelo de discipulado que se practicaba en Antioquía? 

"Para Dios no hay castas. El ignora cuanto se asemeje a ello. Todas las almas tienen valor para él. El tra- 
bajar por la salvación de las almas es un empleo digno del más alto honor. No importa cuál sea la forma 
de nuestra labor, ni entre qué clase se verifique, ora sea elevada o humilde. A los ojos de Dios estas dis- 
tinciones no afectan su verdadero valor. El alma sincera, ferviente y contrita, por ignorante que sea, es 
preciosa a la vista del Señor. El pone su propia señal sobre los hombres, juzgándolos, no por su jerarquía, 
ni por su riqueza, ni por su grandeza intelectual, sino por su unidad con Cristo. El ignorante, el paria, el 
esclavo, si ha aprovechado hasta el máximo grado sus oportunidades y privilegios, si ha apreciado la luz 
que Dios le dio, ha hecho todo cuanto se pedía de él. El mundo puede llamarlo ignorante, pero Dios lo 
llama sabio y bueno, y así su nombre queda registrado en los libros del cielo. Dios lo hará idóneo para 
que le reporte honor, no sólo en el cielo, sino también en la tierra. 

Cristo ha rodeado a la especie humana con su brazo divino. El ha llevado su poder divino al hombre, para 
que pueda animar a la pobre alma desalentada y enferma de pecado a alcanzar una vida superior. ¡Oh, 
necesitamos más del espíritu de Cristo y mucho menos del yo! Necesitamos que el poder transformador 
de Dios obre sobre nuestros corazones diariamente. Necesitamos que el suavizador espíritu de Cristo 
subyugue y enternezca nuestras almas. Lo único que pueden hacer aquellos que se creen perfectos, es ca- 
er sobre la Roca y ser quebrantados. Cristo puede transformaros a su semejanza, si queréis someteros a 
él" (Obreros Evangélicos, pp. 347, 351). 

• ¿Cuál es el mensaje central de esta lección? 

• ¿Cómo aplicarías este mensaje en tu vida? 

PROPÓSITOS DE LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA 

• Saber cómo el evangelio derriba todas las barreras raciales. 

• Sentir una dependencia completa de su gracia, para sobreponernos al odio. 

• Hacer la resolución de vencer todo obstáculo por medio de la fe en Jesús. 

I. EMBAJADORES DE CRISTO 

La diplomacia del discipulado 

"Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os 
rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios" (2 Corintios 5:20). 

"Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. El que bebe del agua viva, llega a 
ser una fuente de vida. El que recibe, llega a ser un dador. La gracia de Cristo en el alma, es como un 
manantial en el desierto, cuyas aguas surgen para refrescar a todos, y hace a los que están por perecer, 
ávidos de beber el agua de la vida" (DTG 162) 

1. ¿Quién es un embajador? 



Del griego presbéuó, literalmente "ser mayor", y por lo tanto "ser anciano", "ser embajador". Esto carac- 
teriza al embajador como una persona llena de dignidad y experiencia, y por lo tanto investido de autori- 
dad. 

• Este es el enviado, el comisionado, el mensajero en general, la persona enviada con un mensaje o 

embajada importante. 

• En la diplomacia, representante de un estado en otro (2 Corintios 5:20; Efesios 6:20). El embaja- 

dor es un representante de un gobierno soberano, adiestrado en asuntos culturales y diplomáti- 
cos. Los embajadores entregan mensajes en diversos medios políticos y culturales. 

La embajada es una comisión, un mensaje, una comunicación importante que se envía a alguien por me- 
dio de otra persona; particularmente las enviadas por el jefe o el gobierno de un estado a otro (Lucas 
14:32; 19:14); también se denomina así a la residencia y la oficina del embajador. 

2. ¿Quién es un embajador de Cristo? 

Los embajadores de Cristo lo llegan a ser por haberse unido antes con él y a su causa. Se distinguen por 
su fidelidad (1 Corintios 4: 1-2; 1 Timoteo 1: 12), su celo, su comprensión personal de las grandes verda- 
des del Evangelio que conocen por experiencia, y por su diligencia en estudiar, en orar, en ganar almas y 
en la edificación de la iglesia. No hay mayor dignidad ni mayor honor que ser embajador de Cristo y del 
reino de los cielos. 

3. ¿Por qué Cristo requiere de embajadores? 

• El embajador de Cristo es quien presenta "la palabra de la reconciliación". Dios habla a los hom- 

bres por medio de sus embajadores así como reconcilió al mundo consigo por medio de Cristo. 
Dios siempre ha estado interesado por los pecadores (Isaías 1: 18; Jeremías 44: 4; Ezequiel 33: 
11; Oseas 11: 8). 

• El embajador cristiano no es en ningún sentido un sustituto de Cristo, es sencillamente aquel por 

medio del cual se efectúa la reconciliación. No es en ningún sentido un sacerdote intermediario, 
pues hay "un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2: 5). La 
reconciliación ya fue hecha en y por Cristo. El ministro es sencillamente el instrumento mediante 
el cual "la palabra de la reconciliación" (2 Corintios 5: 19) es proclamada a otros. 

• Conduce a hombres y mujeres hasta la presencia de Dios, donde por sí mismos experimentan la 

reconciliación. Su misión es la de convencer a los hombres de que Dios ha provisto la reconci- 
liación en Cristo. Por lo tanto, cada creyente tiene acceso directo a Dios y trata directamente, sin 
intermediarios, con él (Romanos 5:1; Efesios 2: 13, 16-18; 3: 12; Hebreos 4: 14-16). 

Dios es el autor y dispensador de la reconciliación; los hombres son los que la reciben. Estos no pueden 
reconciliarse a sí mismos con Dios lamentando sus pecados pasados, haciendo un duro servicio o practi- 
cando ciertas ceremonias establecidas. Sencillamente reciben la reconciliación arrepintiéndose de sus pe- 
cados y aceptando la dádiva de la misericordia divina. 

Felipe y el etiope 

Una de las historias más fascinantes acerca del discipulado se encuentra en Hechos 8:26-40. Es la histo- 
ria de Felipe y el eunuco. 

• ¿Q«é características mostró Felipe que lo hicieron un testigo tan efectivo para el Señor? 

• ¿Qué rasgos de la experiencia de Felipe, podemos aplicarlo en el discipulado? 

"Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende 
de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, 
funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jeru- 
salén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: 
Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes 
lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara 
con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero 
mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su 
generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Fe- 



lipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Feli- 
pe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por 
el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 
Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo 
de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando 
subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su 
camino. Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta 
que llegó a Cesárea" (Hechos 8:26-40) 

1. ¿Qué indicaciones nos muestran que este hombre ya tenía cierto conocimiento de la verdad, y 
que buscaba conocer más de la verdad? ¿Qué lugar tuvieron las Escrituras en su llegada a ser 
discípulo? 

Había más de un camino desde Jerusalén a Gaza, a unos 80 km al suroeste. La ruta del norte pasaba cerca 
de Lida, después corría paralelamente a la costa hacia el sur, pasando por Azoto, hasta Gaza. La otra ruta 
corría hacia el sur hasta cerca de Hebrón, y después hacia el oeste por el desierto hasta la ciudad de Gaza. 
Esta segunda es la ruta más probable para este relato. 

En el griego, el "desierto" podría ser tanto el camino como la ciudad; pero lo más probable es que se re- 
fiera al camino, pues Gaza era una ciudad, y el ángel le había dicho que fuera "por el camino... a Gaza", y 
no a la ciudad. Felipe debía ir con fe sencilla por el camino menos frecuentado, menos promisorio, de Je- 
rusalén a Gaza, y sin saber que en el camino se encontraría con un viajero cuya conversión llegaría a ser 
tan memorable. 

Su inmediata obediencia revela que no tenía duda alguna en cuanto a la autenticidad del mensaje que 
había recibido. El Espíritu habla y le da al evangelista instrucciones explícitas, ya sea por medio de una 
impresión interior o de una voz audible. Este funcionario real sin duda era acompañado por una gran co- 
mitiva, y era natural que uno que viajaba solo por un camino desierto se uniera a su caravana. Felipe re- 
accionó inmediatamente en respuesta a la orden del Espíritu. Los cristianos deberían imitar esta rápida 
respuesta. Quienes lo hagan, encontrarán más gente preparada para escuchar una conversación sincera, 
centrada en Cristo, de lo que comúnmente esperarían hallar. Felipe inicia la conversación muy hábilmen- 
te; comenzó en donde encontró al hombre, y adaptó su presentación a los intereses del etíope. Esto pro- 
porciona un ejemplo para cada obrero cristiano. La pregunta de Felipe se refería al significado, no a las 
palabras. En el griego la forma interrogativa sugiere que esperaba una respuesta negativa. Es posible que 
el eunuco hubiera oído algunas exposiciones judaicas de este pasaje; pero probablemente no tenía ningu- 
na noción de que estas palabras se referían a Jesucristo. Pero Felipe conocía su significado, y fue impul- 
sado por el Espíritu para que explicara al eunuco el sentido que tenían. El eunuco regresaba a Etiopía, en 
donde estaría separado de quienes hasta aquí lo habían guiado en Jerusalén; sentía que necesitaba recibir 
instrucciones adecuadas acerca de este pasaje difícil. Su pregunta sugiere que leía este pasaje por primera 
vez, o que al leerlo de nuevo el Espíritu lo estaba grabando en él con renovado énfasis. 

Felipe se acerca, y el eunuco invita al evangelista a subir a su carro e ir con él. El breve encuentro del eu- 
nuco con Felipe, siervo de Dios, debe haberle impresionado muy favorablemente, porque inmediatamen- 
te mostró confianza en la capacidad de Felipe para responder sus preguntas. En esta forma se le presentó 
a Felipe la oportunidad que buscaba. El cristiano con frecuencia se sorprenderá de la manera como sur- 
gen oportunidades cuando está preparado y dispuesto a utilizarlas. El eunuco era suficientemente perspi- 
caz para hacer la pregunta más importante acerca de lo que leía. ¿A quién se referían las palabras de Isa- 
ías? La pregunta no había sido respondida claramente en sus días, y aún se sigue discutiendo (Isaías 41: 
8; 42: 1; 52: 13; 53: 1). Felipe no tenía ninguna duda en cuanto al tema, y nosotros tampoco debiéramos 
tenerla. La pregunta proporcionó a Felipe el texto básico para presentar al etíope un sermón acerca de 
Jesús. 

2. ¿Qué le dijo Felipe que era necesario a fin de que él estuviera listo para el bautismo? 

Felipe comenzó su discurso por el pasaje que el eunuco estaba leyendo. En ese momento no había un me- 
jor punto para comenzar. Debe empezarse con aquellos pasajes que interesan a los oyentes. Es posible 
que el eunuco hubiera oído en Jerusalén de la enseñanza de Jesús. La obra de los discípulos había capta- 
do la atención de toda la ciudad (Hechos 2: 41; 4: 33; 5: 12-14; 6: 7-8); pero en muchas de las discusio- 
nes que había oído sin duda se había clasificado a Jesús como impostor, y es poco probable que hubiera 
entendido Isa. 53 a la luz de la predicación de los apóstoles. Sin embargo, esta profecía es una de las pre- 
sentaciones más claras del Antiguo Testamento en cuanto a la muerte de Jesucristo como sacrificio y sus- 
tituto del pecador, como la única manera de salvarse de los efectos del pecado: la condenación que trae 

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consigo y el poder destructivo que lo acompaña. Lo que sucede a continuación muestra que la enseñanza 
de Felipe abarcaba no sólo la aplicación de la profecía a Jesucristo, sino también instrucciones en cuanto 
a lo que significaba unirse al compañerismo con los discípulos de Cristo. El Nuevo Testamento establece 
claramente que tales instrucciones eran impartidas antes de que el candidato fuera sumergido en las 
aguas bautismales. Predicar a Jesús es la obra de todo predicador evangélico y también de todo cristiano, 
ya sea mediante la palabra o por fiel testimonio de la vida diaria. No importa cuál sea el tema del sermón 
que se presente, su centro siempre debe ser Jesucristo. 

3. ¿Qué podemos aprender acerca del discipulado por la actuación de Felipe en este incidente? 
¿Qué características mostró Felipe que lo hicieron un testigo tan efectivo para el Señor? 

Felipe y el eunuco tuvieron que haber viajado juntos cierto tiempo, porque el instructor no sólo presentó 
los puntos básicos de la salvación en Cristo Jesús de acuerdo a la luz de Isa. 53, sino que prolongó la ins- 
trucción hasta tal punto que el eunuco comprendió el significado del bautismo, y deseó recibirlo. 

La región del camino a Gaza es árida, y no es fácil encontrar agua. Se dice que el eunuco etíope fue bau- 
tizado cerca de Bet-sur, al noroeste de Hebrón. Otros piensan que lo fue en algún manantial del Wadi el- 
Hesi, entre Eleuterópolis y Gaza. 

Es ejemplar el anhelo del eunuco por completar su preparación para ser miembro en la iglesia del Señor 
que acababa de hallar. La iniciativa fue suya. Felipe no necesitó animarlo a que lo hiciera. Había apren- 
dido del Salvador y recibido el perdón de sus pecados. Había sido instruido en cuanto al Nombre y al 
Camino (Hechos 4: 12; Juan 14: 6). ¿Qué razones podían darse para negarle el rito del bautismo? 

La comitiva se detuvo. Sus miembros tuvieron que haber contemplado con interés el bautismo; es posible 
que algunos de ellos formaran el núcleo de la primera congregación cristiana de Etiopía. La tradición 
afirma que el eunuco proclamó el Evangelio entre sus compatriotas. 

Si sólo apareciera esta frase, no se podría saber si Felipe y el etíope "descendieron" hasta la orilla, o si 
entraron en el agua. Pero la duda se despeja en el verso 39. El texto griego dice que subieron de dentro 
del agua. Si no hubieran descendido ambos en el agua, no podrían haber salido de dentro de ella. Aquí 
sin duda se presenta un bautismo por inmersión (Mat. 3:6; Mar. 16: 16; Romanos 6: 3-6). Esta es una cla- 
ra ilustración del método de bautismo que utilizaba la iglesia primitiva, aunque fuera en una situación in- 
esperada, y desprovista de toda ceremonia. El Espíritu había iniciado el encuentro de Felipe con el eunu- 
co, y después de que hubo alcanzado un resultado positivo, el Espíritu presentó otra vez a Felipe nuevas 
posibilidades de servicio. 

Los sentimientos podrían haber llevado naturalmente al evangelista a quedarse para completar su tarea 
con el eunuco e instruirlo completamente; pero Felipe fue apartado de su compañero de viaje por medio 
de un poder sobrenatural (1 Reyes 18: 12; 2 Reyes 2: 16; Ezequiel 3: 12, 14). El eunuco aceptó la desapa- 
rición de Felipe como un acto sobrenatural, y por lo tanto no dedicó tiempo buscando inútilmente a quien 
le había enseñado y bautizado, sino que siguió su camino, continuando el viaje que se había interrumpi- 
do. 

El eunuco creyó que Felipe estaba en las manos de Dios, y no se preocupó por él sino prosiguió su viaje 
regocijándose en la nueva luz que había recibido. El notable episodio de Felipe con el eunuco no inte- 
rrumpió las otras actividades del diácono como predicador del Evangelio. Felipe regresó predicando, es 
probable que su ruta pasara por Lida y Jope, y los efectos de sus labores sin duda pudieron verse en las 
florecientes comunidades cristianas que más tarde se establecieron en ambas ciudades (Hechos 9: 32, 
36). 

II. ADIESTRAMIENTO DIPLOMÁTICO 

Jesús y la mujer cananea 

• ¿Q«é método usó Jesús para mostrar sus prejuicios a los discípulos? ¿Cuan efectivo fue? 

• ¿Q«é revela el otorgamiento del pedido de la mujer fenicia acerca de la actitud de Dios 

hacia las castas y el racismo? 

• Considera la mujer cananea, ¿Qué podemos aprender de sus actitudes, actos, palabras y fe, 

que pueden hacernos mejores discípulos? 



"Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había sa- 
lido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es 
gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus 
discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy 
enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: 
¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perri- 
llos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue 
sanada desde aquella hora" (Mateo 15:21-28). 

1. ¿Sabes algo ? ¿Quién era la mujer cananea? 

Jesús y sus discípulos se retiraron hacia el norte, a la región de Fenicia, aquí llamada Tiro y Sidón. Desde 
Capernaúm, en línea recta, hay unos 33 km hasta Tiro, y de Tiro a Sidón hay unos 37 km. Estas ciudades 
habían sido importantes centros comerciales desde la antigüedad. En tiempos de Jesús, la región de Tiro 
y de Sidón formaba parte de la provincia romana de Siria. 

• Los fenicios eran de la antigua raza cananea. Se llamaban a sí mismos cananeos (Génesis 10: 

6,18), pero los griegos los llamaron fenicios, al parecer, por el nombre de una anilina púrpura 
(fóinix) que solían comprar de los fenicios cuando comenzó el comercio en la región del Egeo. 

• Los cananeos eran de ascendencia camita, pero poco después de que se establecieron en Palestina, 

adoptaron el lenguaje semítico y absorbieron de tal modo la cultura semítica, que por mucho 
tiempo se creyó que eran de origen semítico. 

• Los judíos eran semitas y había mucho parecido en los idiomas y las características culturales de 

hebreos y cananeos. 

2. ¿Por qué Jesús ministró a los que no eran judíos? 

Básicamente, el ministerio de Jesús se realizó en favor de los judíos de Palestina, "las ovejas perdidas de 
la casa de Israel" (Mat. 15: 24), pero el Señor no se abstuvo por completo de relacionarse con los que no 
eran judíos. Hasta cierto punto tuvo cuidado de no entrar en conflicto con los judíos al relacionarse con 
samaritanos y gentiles, pero no podía aceptar las barreras que los judíos habían levantado entre ellos y el 
resto del mundo. 

(l)La primera vez ocurrió en Sicar, en Samaría (Juan 4: 5-42) 

• Los samaritanos estaban emparentados con los judíos, y aunque el ministerio de Jesús entre ellos 

no se habría considerado con simpatía, es posible que no despertara la animosidad que hubiera 
creado el trabajo en favor de los que eran completamente paganos. 

(2)La segunda, en Capernaúm (Lucas 7: 1-10) 

• El centurión había simpatizado con los judíos y creía que ellos practicaban la verdadera religión. 

El milagro que Cristo hizo en su favor estaba en armonía con el pedido de los mismos dirigentes 
judíos. 

(3)La tercera, en las cercanías de Gadara (Marcos 5:1-20). 

• La curación de los endemoniados de Gadara no podía haberse interpretado como un contacto in- 

tencional de Jesús con los paganos. Más bien, los judíos podrían haber considerado que se trata- 
ba de una emergencia a la cual Cristo debió enfrentarse y que, en cierto sentido, había expulsado 
a los demonios en defensa propia. Además, Jesús se negó a que los hombres liberados de los 
demonios se unieran con él como discípulos. Y en este pasaje, en el caso de la mujer cananea, 
Jesús no estaba trabajando abiertamente para la gente de esa región (Mar. 7: 24). Ella vino a él y 
le presentó su pedido. 

(4)La cuarta mención de que Jesús ministro a los que no eran judíos, es esta que estamos analizando y 
estudiando (Mat. 15:21-28) 



En El Deseado de todas las gentes se sugiere que en su trato con la mujer samaritana y con la mujer siro- 
fenicia, Jesús quiso enseñar a sus discípulos que ellos también debían aceptar a todos como hijos de 
Dios, sin hacer distingos por razón de raza o posición social {El Deseado de todas las gentes, pp. 163- 
165,369-370). 

• Hoy día quienes trabajan por Cristo han de considerar a todos los hombres como sus iguales ante 

Dios, quien "no hace acepción de personas" (Hechos. 10: 34). 

• Sorprende el que una mujer pagana se dirigiera a Jesús empleando este título que implica el reco- 

nocimiento de que es el Mesías. Muchos judíos vivían en Fenicia, y sin duda la noticia de las 
maravillas realizadas por Jesús había circulado entre ellos ya por mucho tiempo (Marcos 3:8; 
Lucas 6: 17). Posiblemente por medio de estos judíos residentes en Fenicia la mujer había oído 
acerca de Jesús {El Deseado de todas las gentes, p. 366). 

3. ¿Cuál era la petición de la mujer cananea y de qué manera se presentó a Jesús? 

Los discípulos se sentían molestos por la publicidad que les daban los desesperados ruegos de esta mujer 
gentil, a quien no consideraban como más digna que un perro (Mateo 10: 5). No sólo era una desconoci- 
da, sino que era mujer, y aún más, era extranjera. Hasta este momento no había cabida para una descono- 
cida mujer extranjera en la idea que se hacían los discípulos de lo que significaba la comisión evangélica. 

Cuando la mujer se postró a los pies de Jesús (Marcos 7: 25), adoptó la posición acostumbrada del que 
presenta un pedido ante un superior (Mateo 4: 9; 8: 2; Ester 3: 2). Esta posición podía adoptarse también 
ante un objeto de adoración. 

4. ¿Por qué la mujer llamó a Jesús con un nombre mesiánico, "Hijo de David"? ¿Qué implica eso 
acerca de su conocimiento de Jesús? 

El hecho de que la mujer empleara el título mesiánico "Hijo de David" (Matero 1: 1, 15: 22), parecería 
indicar que tenía al menos una vaga idea de la identidad de Jesús. No hay modo de saber si empleó este 
título sólo porque sus vecinos judíos lo habían usado al hablar de las maravillas realizadas por Jesús, o si 
con ello expresaba cierta medida de fe en que Jesús era el Mesías. 

5. ¿Cómo trató Jesús la mujer sirofenicia? 

Cristo se expresó como la actitud característica de los judíos que consideraban que los gentiles eran in- 
dignos de recibir las bendiciones del cielo. Hizo alusión al pan de la salvación (Juan 6: 32), el cual había 
sido confiado por Dios a los judíos, sus hijos, para que ellos lo distribuyeran entre los gentiles, pero que 
estaban conservando egoístamente para sí mismos {Palabras de vida del gran Maestro, pp. 233-235). 

Jesús uso un diminutivo, "No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos", parecería 
atenuar en parte el sentido despectivo del vocablo. Los judíos creían que las bendiciones de la salvación 
se malgastarían si se las concedía a los gentiles, quienes, según la opinión de los judíos, carecían de la 
capacidad de apreciar esas bendiciones o de beneficiarse de ellas. 

6. ¿Cómo reaccionaron sus discípulos frente a ella? ¿Por qué? 

La mujer bien podría haberse desanimado por la actitud de desprecio que Cristo pareció asumir para con 
ella, pero Jesús estaba confiado de que la fe de ella no faltaría. La mujer, por su parte, parecía estar segu- 
ra de que Cristo podía conceder lo que su corazón deseaba si tan sólo él lo quería (Marcos 1:40). El orgu- 
llo y el prejuicio no significaban nada para ella y no se dejó afectar por ellos. Su fe y su perseverancia 
son verdaderamente dignas de encomio. 

Detrás de la indiferencia que Jesús parecía manifestar para con su anhelante ruego, la mujer parece haber 
detectado la tierna compasión que fluía a raudales del amante corazón de Cristo. Sin duda, el mero hecho 
de que tratara el asunto con ella, en vez de despacharla bruscamente como lo habrían hecho los rabinos, 
le dijo ánimo para creer que Jesús accedería a su luego. La voz del Maestro no mostraba ningún rastro de 
impaciencia y su rostro sólo revelaba la serena dignidad y la infinita ternura que siempre dejaba traslucir. 

7. ¿Qué clase de apelación hizo ella? ¿Cuan impotente se sentía? ¿Qué cosas sucedieron que debie- 
ron haberla desanimado, pero que no lo lograron? 



Aun los perrillos tienen derecho a las miguitas que sus amos les dan. Esta notable mujer estuvo lista a 
ubicarse en cualquier nivel social que Cristo le pudiera asignar, sin ni siquiera discutirlo, si tan sólo él le 
concedía lo que pedía. Comparar esto con la persistencia del leproso frente a grandes obstáculos (Marcos 
1: 40-45). La mujer hizo frente a la prueba, y su fe permaneció firme. Estaba segura de que Cristo podía 
sanar a su hija. Comparar con lo que dijo Cristo del centurión (Lucas 7: 9). Así como había ocurrido en el 
caso del hijo del noble (Juan 4: 43-54) y con el siervo del centurión (Lucas 7: 1-10), la hija de la mujer 
cananea fue sanada a la distancia, no en la presencia inmediata de Jesús. Como había ocurrido en esos 
otros casos, la curación fue inmediata y completa. 

8. ¿Qué lecciones prácticas nos enseña el Señor Jesús de este episodio? ¿De qué manera podemos 
practicarlo? ¿Existen barreras en tu comunidad para difundir el evangelio? 

• El propósito de Cristo era el de enseñar a sus discípulos una lección acerca de la forma en que 

debían trabajar por los que no eran judíos. Lo hizo mostrando el contraste entre el proceder 
común de los judíos y su propio proceder (Mateo 15:21). 

• Es probable que un típico rabino judío habría hecho exactamente lo que los discípulos proponían: 

habría despachado a la mujer sin siquiera responder a su pedido. 

• De lo que Jesús dijo acerca de los gentiles (Lucas 4: 26-27) y de lo que él mismo había hecho por 

ellos en ocasiones anteriores, se desprende claramente que él los miraba con simpatía y los con- 
sideraba como aptos para llegar a ser subditos del reino de los cielos. 

• Jesús no compartía de ningún modo el estrecho exclusivismo con que los judíos se distanciaban 

de los gentiles (Mateo 15: 22, 26). 

Pedro y Cornelio 

"Había en Cesárea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y 
temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Al 
día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para 
orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le so- 
brevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de 
las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y 
aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque 
ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, 
no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo. Y mien- 
tras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los 
hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a 
la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras 
Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y des- 
ciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro, descendiendo a donde esta- 
ban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la 
causa por la que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y 
que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de 
hacerte venir a su casa para oír tus palabras. Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguien- 
te, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope. Al otro día entra- 
ron en Cesárea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más 
íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le le- 
vantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló a mu- 
chos que se habían reunido. Y les dijo: Vosotros sabéis cuan abominable es para un varón judío juntarse 
o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmun- 
do; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho ve- 
nir? Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, 
mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: 
Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jo- 
pe, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, 
junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Aho- 
ra, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado. 
Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, 
sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hechos 10:9-35) 



. ¿Sabes algo...? ¿Quién era Cornelio? 



La conversión de Cornelio señaló una nueva etapa en la expansión del crecimiento de la iglesia. Corne- 
lio, oficial romano, no era totalmente pagano. Era "piadoso y temeroso de Dios" y daba "limosnas al 
pueblo" (10: 2). De todos modos, según los judíos era un gentil e incircunciso; por lo tanto, su admisión 
en la iglesia marca una nueva etapa en la expansión del cristianismo. Puede entenderse por lo tanto que 
los apóstoles de Jerusalén prestaran atención especial a este caso (Hechos. 11: 1-18). Las notables cir- 
cunstancias sobrenaturales de la conversión de Cornelio tuvieron que ser un factor importante que indujo 
a los apóstoles a aceptar el hecho de que un gentil no circuncidado podía llegar a ser cristiano. Sin em- 
bargo, la iglesia tardó varios años más antes de llegar a comprender plenamente que los gentiles debían 
estar exactamente en el mismo nivel de los judíos y disfrutar de los mismos privilegios de ellos (Hechos. 
15: l-31;Gálatas2: 12). 

Cornelio no estaba satisfecho con haber encontrado una verdad superior, sino que procuraba impartírsela 
a su familia, a sus siervos y a los que estuvieran bajo su influencia. El soldado que fue enviado a buscar a 
Pedro es llamado "devoto". Cornelio era generoso como el otro centurión de quien los judíos dijeron: 
"ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga" (Lucas 7: 5). 

2. ¿Cuál es el mensaje central de este relato? ¿Qué lecciones podemos rescatar para el discipulado? 

"Y les dijo: Vosotros sabéis cuan abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; 
pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo. Entonces Pedro, abriendo 
la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas" (Hechos 10:28, 34) 

• La humanidad había sido redimida por la encarnación, el sacrificio y la ascensión de Cristo, y 

hasta el pagano más humilde ya no era común o inmundo. Dios estaba dispuesto a recibir a todos 
los hombres, y por medio de Jesús lo sigue haciendo. 

• El pecado es lo único que puede separar al hombre de Dios (Isaías 59: 2). La impureza debe con- 

siderarse como una tacha moral, no física ni racial. 

• El seguidor de Dios debe aprender la ver en cada pecador la posibilidad de que llegue a ser una 

persona justificada, santificada y redimida. 

• Puesto que cada persona puede llegar a experimentar esta magnífica transformación, debe ser res- 

petada como alguien en quien la imagen de Dios no se ha borrado totalmente y en quien puede 
restaurarse (1 Pedro 2:17). 

• El orgullo de clase social que sólo se basa en diferencias de cultura o de oportunidad, y se mani- 

fiesta en hechos y palabras de desprecio, es, desde cierto punto de vista, aun menos excusable 
que las diferencias que tienen una base religiosa. 

Pedro había visto que su Señor no hacía "acepción de personas", es decir, no tomaba en cuenta distincio- 
nes ni de posición social, ni de conocimiento, ni de riqueza. Esto lo admitieron hasta sus enemigos (Mat. 
22: 16). 

Santiago subraya este mismo rasgo de carácter como algo esencial en todos los que quieren ser verdade- 
ros discípulos de Cristo, dijo: "Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea 
sin acepción de persona... Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo 
como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convic- 
tos por la ley como transgresores" (Santiago 2: 1-9). 

3. ¿Por qué podemos ser testigos más eficaces si no miramos a las diferencias raciales y culturales? 

Los miembros de la iglesia deben guardarse de que la riqueza y la posición social no sean consideradas 
como cualidades necesarias en los dirigentes de la iglesia, en lugar de los dones espirituales. Al mostrar 
deferencia por los "ricos", es probable que los cristianos piensen que están cumpliendo la ley del amor; 
pero esa misma ley muestra que están pecando al hacer acepción de personas en su trato con sus seme- 
jantes. 

• Pedro necesitaba aprender que la total aplicación de este gran principio exigía que los cristianos 

judíos aceptaran a los de otras razas como iguales a ellos. 

• Pablo, paladín del cristianismo entre los gentiles, destaca este principio en Romanos 2:9-11. 

• Pedro estaba aprendiendo de la visión de Cornelio, semejante a la que él mismo había tenido, que 

Dios se hace conocer de todos los que aspiran a la justicia, ya sean judíos o gentiles (Deutero- 
nomio 10: 17; 1 Samuel 16: 7). 



• Pedro vagamente comprendía que el cristianismo no debía ser una religión nacional. En su trato 

con Cornelio comenzó a comprender cómo podría ocurrir esto, aunque aún no lo entendía ca- 
balmente. 

• Pablo declararía poco después que delante de Dios no importan ni raza, ni sexo, ni posición social 

(Gálatas 3:28; Colosenses 3: 10-11). 

Los judíos habían llegado a considerarse como el pueblo exclusivo del interés, del cuidado y de la mise- 
ricordia de Dios. Antes del cautiverio babilónico habían amoldado su vida, sus creencias y prácticas reli- 
giosas a las de las naciones paganas que los rodeaban; pero cuando regresaron del cautiverio se esforza- 
ron hasta el máximo por aislarse de sus vecinos gentiles. Se desarrolló en ellos un espíritu de exclusivis- 
mo que los llevó a despreciar a los que no eran israelitas y a negar que pudieran ser aceptados por Dios. 
Al principio este espíritu exclusivista constituyó el principal obstáculo para el avance del Evangelio entre 
los que no eran judíos. 

• Si el cristianismo hubiera seguido siendo sólo una secta judía, según lo concebían los primeros 

cristianos de origen judío, nunca podría haberse difundido entre toda clase de gente, por todas 
partes. 

• Por lo tanto, la primera gran tarea de la iglesia fue romper las estrechas ataduras del judaismo. 

Por medio de la conversión de Cornelio, el Espíritu Santo hizo que la naciente iglesia diera su 
primer paso importante en esa dirección. 

III. ¿QUIÉN ES DIGNO? 

Jesús y el Centurión 

"Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm. Y el siervo 
de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó 
hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos 
vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto; porque ama a 
nuestra nación, y nos edificó una sinagoga. Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la 
casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que 
entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo 
será sano. Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y 
digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se ma- 
ravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 
Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo" (Lu- 
cas 7:1-10). 

1. ¿Quién es un centurión? 

El centurión, es un "comandante de cien"; es decir, el capitán de una compañía que en el ejército romano 
se denominaba centuria. El número de soldados en la centuria era aproximadamente de 100. Es probable 
que el centurión de este relato estuviera a cargo de una centuria de soldados romanos que servían como 
policías para Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. Según se desprende de la narración (Lucas 7: 5-6, 9), 
el centurión no era prosélito judío. Todos los centuriones mencionados en el Nuevo Testamento parecen 
haber sido personas de carácter digno de elogio (Marcos 15: 39, 44-45; Lucas 23: 47; Hechos. 10: 22; 22: 
26; 23: 17, 23-24; 24: 23; 27: 43). 

2. ¿Por qué el centurión afirmaba que era no era digno de que el Señor Jesús entrara en su techo? 

Aunque el centurión afirmaba que era indigno, Jesús más tarde dijo de él: "Ni aun en Israel he hallado 
tanta fe". La notable fe de este supuesto pagano lo hacía mucho más digno a la vista del cielo que cual- 
quiera de los compatriotas de Jesús. 

• Es sumamente interesante comprobar que Jesús y los dirigentes judíos, quienes tantas veces esta- 

ban en pleno desacuerdo, pudieran afirmar la dignidad de un gentil. 

• Sus razones para hacerlo eran sin duda diferentes: los "ancianos" aprobaban las obras del centu- 

rión, pero Jesús elogiaba su fe. 

• Quizá aquí se halla implícita la verdad de que cuando en la vida se unen la fe y las obras, una per- 

sona puede ser muy estimada tanto por Dios como por el hombre. 

• Son muy escasos los dirigentes estimados tanto por amigos como por enemigos, por personas de 

diferentes partidos o ideas políticas. 

9 



• Es difícil hallar un maestro que sea apreciado por todos sus alumnos, tanto por los que debe cali- 

ficar con notas bajas como por aquellos que califica con notas altas. 

• Es algo raro encontrar un dirigente religioso que sea apreciado por todos los sectores de su con- 

gregación. 

3. ¿Qué podemos aprender de este pasaje acerca de la fe y el carácter de este discípulo gentil? 

El centurión consideraba que la orden de Jesús para curar a su siervo sería suficiente para obtener lo que 
estaba pidiendo. Esto señaló los alcances de la fe del centurión. Este no exigió ni esperó, como el noble 
de Capernaúm un año antes, "señales y prodigios" que fortalecieran su confianza en el poder de Jesús 
(Juan 4: 48). Como el leproso, cuya gran fe le hizo exclamar "si quieres, puedes limpiarme" (Mat. 8: 2), 
el centurión parecía comprender que todo lo que se necesitaba era que Jesús quisiera que el esclavo fuera 
liberado de las garras de la enfermedad. 

El centurión llegó a comprender, por lo que había oído, que Jesús representaba la autoridad y el poder del 
cielo, así como él, un oficial del ejército, representaba el poder y la autoridad de Roma. 

Así como el centurión era representante del gobierno romano y obedecía sus órdenes, así también los 
soldados que estaban bajo sus órdenes reconocían su autoridad, y le obedecían. Sabía recibir órdenes y 
también darlas, y ver que esas órdenes se cumplieran. Una palabra de sus superiores significaba que deb- 
ía obedecer, y una palabra suya exigía la obediencia de sus subordinados. 

• Como el centurión ya había aprendido a reconocer al verdadero Dios como gobernante de cielo y 

tierra, reconoció a Jesús como el representante de Dios. Sin duda sabía de la curación del hijo del 
noble un año antes (Juan 4: 46-53), y debió haber oído de los muchos milagros que Jesús había 
hecho desde que estableció en Capernaúm el centro de su ministerio en Galilea. 

• Como en el caso del hijo del noble (Juan 4: 50), una palabra de Jesús bastaría, y la curación podía 

hacerse sin importar la distancia. Sin embargo, como en la curación del leproso, el centurión se 
preguntaba si Jesús estaría dispuesto a responder favorablemente a su pedido (Marcos 1: 40). El 
leproso había sido desechado por la sociedad debido a su enfermedad. Es probable entonces que 
el centurión sintiera que no era socialmente aceptable para los judíos por causa de su raza. 

• La fe que tenía el centurión de que bastaría una sola palabra de Jesús, era extraordinaria. El hecho 

de que el centurión nunca había visto a Jesús ni había conversado con él, hacía que su fe fuera 
aun más notable, especialmente debido a la lentitud de los judíos y hasta de los mismos discípu- 
los de Cristo para demostrar fe en él (Mateo 6: 30; 8: 26; 14: 31; 16: 8; Marcos 4: 40; Lucas 8: 
25; 12: 28; 17: 6). 

• Pero el hecho de que el centurión era, desde el punto de vista judío, un gentil, hizo que su fe fuera 

increíblemente grande. Un año más tarde, Jesús elogió a la mujer cananea, la cual también era 
gentil (Lucas 4: 24-27), por su gran fe (Mateo 15: 28). 

4. ¿Cuál debiera ser la actitud de los que hacen discípulos, frente a los prejuicios de una cultura di- 
ferente a la nuestra? 

• Cabe mencionar, que en los dos casos de curación hechos por pedido de gentiles, el que aquí se 

menciona y el de la hija de la mujer cananea (Mat. 15: 21-28), la curación tuvo lugar como re- 
compensa de una gran fe y a pesar de la distancia. Por lo tanto, no hubo una relación íntima con 
los gentiles. Quizá esto pudo haber sido una concesión a los prejuicios de los discípulos. 

• Como preparación para la predicación del Evangelio en todo el mundo, era esencial que Jesús 

demostrara que los gentiles eran dignos de compartir los beneficios del reino que había venido a 
establecer; pero no era indispensable que el Señor ofendiera innecesariamente la sensibilidad 
judía por el contacto con los gentiles. 

• Si hubiera procedido de otra manera, podría haber suscitado los prejuicios judíos y estorbados su 

misión. 

• Un pastor o ministro estará consciente de que aunque él no abrigue prejuicios, muchas veces le 

será necesario tomar en cuenta los prejuicios de otros cuando trabaja a favor de las almas. 

La gran fe del centurión es el punto culminante del relato. Quizá pueda considerarse que al elogiar al cen- 
turión Cristo estaba insinuando su completa conversión en ese momento o más tarde. El hecho de que 
Cristo no hubiera hallado una fe tan grande indica que su ministerio anterior había tenido ya alguna dura- 
ción. 



IV. RECHAZADOS POR LA SOCIEDAD 

Jesús y los diez leprosos 

• ¿Cuál es la importancia del lugar en que vivían estos leprosos, entre las fronteras de Galilea 

y Samaría? 

• ¿De qué modo el pecado nos hace leprosos, y por qué Jesús es la única curación? 

• Los leprosos no fueron curados mientras estuvieron en la presencia de Jesús, sino cuando se 

alejaron de él con fe. ¿Cuál es la lección aquí, para nosotros, acerca de hacer la obra de 
Dios? 

• ¿Qué barreras derribó Jesús al sanar a este leproso samaritano y qué podemos aprender de 

sus métodos? 

"Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuen- 
tro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten 
misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que 
mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorifican- 
do a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano" (Lu- 
cas 17:11-16) 

Parece que este viaje, que se menciona brevemente, fue una gira, primero por Samaría, después por los 
límites de Galilea, y después probablemente cruzando el Jordán, por Perea, para llegar finalmente a Jeru- 
salén. Si así fue, es posible, según lo han sugerido algunos, que este viaje debe ser el mismo que se men- 
ciona en Juan 11: 54, durante el cual Jesús y sus discípulos se retiraron hacia el norte desde Betania y Je- 
rusalén para evitar la manifiesta hostilidad que se produjo a raíz de la resurrección de Lázaro (Lucas 
17:53). Este viaje hacia el norte los habría llevado hasta los límites de Galilea. De este modo, aunque 
Jesús en verdad se iba alejando de Jerusalén, estaba haciendo la última gira que finalmente lo llevaría de 
nuevo a esta ciudad y a la cruz. Es probable que durante el transcurso de este viaje Jesús también perma- 
neciera en Samaría por un breve lapso con sus discípulos, dedicando por lo menos parte del tiempo a mi- 
nistrar a la gente allí. A este viaje tal vez le siguió un breve período en Perea, de donde Jesús pasó por Je- 
ricó y Betania para asistir a la última pascua. 

Lucas no parece referirse ahora a un viaje a través de Samaría y de Galilea, de donde Jesús había partido 
por última vez pocas semanas o meses antes, sino a un viaje por el límite entre las dos regiones mencio- 
nadas. 

1. ¿Por qué los leprosos eran rechazados por la sociedad? 

La palabra "lepra" se deriva de un vocablo que significa "derribar de un golpe", "azotar". La lepra era 
pues un "azote". Los judíos consideraban que una persona enferma de lepra había sido herida por Dios. 

• Los leprosos no estaban dentro de la aldea, pues esto no les era permitido. Se acercaron a Jesús 

cuando estaba a punto de entrar en la aldea. Posiblemente vivían juntos en alguna rústica choza 
en los campos, a cierta distancia de la aldea. 

• Como lo exigía la ley. A los leprosos no se les permitía que se acercaran a otras personas, ni si- 

quiera en los caminos. 

• Estos leprosos fueron más cuidadosos en observar la ley del aislamiento que el leproso mencio- 

nado en Mar. 1:40-45. 

En tiempos de los israelitas, se consideraba que la lepra era la más terrible de todas las calamidades. Se 
creía que era un castigo directo de Dios por los pecados cometidos. Cualquiera que sufriese de ella fuera 
príncipe o campesino, era excluido de la sociedad y considerado merecedor de poca simpatía y compa- 
sión; era un paria entre los hombres. 

La Biblia no da ninguna información en cuanto al origen, al contagio o la curación de la enfermedad 
(Lev. 13,14). Se la consideraba, como fue ya dicho, como un castigo por el pecado. Esto pareciera haber 
ocurrido en el caso de María (Números 12: 10-15), Giezi (2 Reyes 5: 27) y Uzías (2 Crónicas 26: 16-21). 
Cualquiera hubiese sido la causa, el paciente era aislado, expulsado de su casa, no se le permitía entrar en 
ninguna ciudad amurallada; era excluido del santuario, ya no podía asistir a ningún tipo de reunión. 
Cuando se le acercaba otro ser humano, debía cubrirse la boca y gritar: "Inmundo, inmundo". Si entraba 
en alguna casa, ésta también quedaba "inmunda". Cualquiera que lo tocara, corría igual suerte. 

11 



En la primera etapa, la enfermedad no dejaba sino una manchita sobre la piel, la cual no causaba dolor ni 
otro inconveniente. Simplemente era una mancha persistente. A veces transcurrían meses o aun años, con 
frecuencia muchos años, desde la primera aparición de las manchas hasta el desarrollo completo de la en- 
fermedad. Algunas veces los síntomas parecían casi desaparecer, dando esperanzas de recuperación, para 
luego reaparecer aún más activos que antes. En las etapas avanzadas de la lepra, el enfermo presentaba 
un aspecto repulsivo. Se le iban carcomiendo la nariz y los dedos, desaparecían los párpados, perdía 
completamente la vista, y el enfermo tomaba una apariencia espectral. 

La suya era una muerte en vida. Se le deterioraba la voz y terminaba desapareciendo; el aliento se le tor- 
naba insoportable; las articulaciones se le deformaban o se cubrían de las protuberancias propias de la en- 
fermedad; su cuerpo se cubría de manchas violáceas de carne putrefacta. La enfermedad avanzaba hasta 
abarcar todo el cuerpo, terminando así con la vida de la víctima. No puede concebirse espectáculo más 
repulsivo. Abandonado por sus amigos y familiares, el leproso era en todo sentido un espectáculo digno 
de lástima. No es de maravillarse que los hombres lo consideraran abandonado de Dios. 

Los principios de atención de las enfermedades infecciosas de la piel, por su sencillez y eficacia 
(como están descriptas en Lev. 13), no han sido superados desde que Moisés los dio: 

1. Inspección visual de la piel para el diagnóstico. 

2. Criterios definidos de evaluación: nivel de la piel, pelo, pigmento e integridad de la superficie. 

3. Período de cuarentena y nuevos exámenes seriados; dar tiempo al desarrollo de las características de la 
enfermedad. 

4. Precauciones sanitarias: lavarse, quemar, aislamiento. 

5. Cubrirse la boca para minimizar la difusión de las gotitas de saliva. 

6. Notificación obligatoria y una inspección de las enfermedades infecciosas por una autoridad central. 
Hay tres características de la lepra que la separan de otras enfermedades: 

1. Período de incubación, excepcionalmente largo: de 2 a 20 años. Con un promedio de 2 a 3 años. Esto 
se debe a la larga vida de cada generación de bacterias que en promedio es de 3 semanas (comparado con 
minutos para muchas otras bacterias). 

2. Esto oscurece el método de dispersión de la enfermedad por causa del largo período de silencio entre 
el contagio y la eclosión de la infección. Hoy se cree que la lepra se difunde primariamente por infección, 
vía gotitas en el aire. 

3. Su característica más notable es lo anestésico, la pérdida de la sensibilidad. El resultado es la destruc- 
ción de las manos, la cara y los pies por desgaste y atrición. Esto da lugar a una creencia incorrecta de 
que las partes se caen y que la enfermedad no es curable. La infección bacteriana puede ser detenida; con 
las medicinas y la terapia modernas, los terribles resultados arriba mencionados no son inevitables y no 
se necesita aislamiento en una leprosería. Una vez desarrollada la falta de sensibilidad, ésta no se recupe- 
ra. Si bien la infección se puede curar, las cicatrices derivadas de la pérdida de sensibilidad permanecen 
toda la vida. 

2. ¿Por qué el Señor Jesús les dio ciertas ordenanzas a los diez leprosos para que la curación ocu- 
rriera? 

Las instrucciones del Señor fue: "Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. ¿Qué suce- 
dió mientras ellos obedecían la orden? "Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. " 

• La curación de los diez leprosos dependía que actuaran con fe. No fueron sanados mientras per- 

manecieron en presencia de Jesús, sino cuando procedieron a cumplir las instrucciones del Ma- 
estro. 

• Cuando se apartaron de Jesús aún eran leprosos. Si hubieran aguardado una evidencia visible de 

que habían sido sanados antes de partir para Jerusalén, donde serían declarados limpios, es evi- 
dente que la curación nunca habría ocurrido. 

12 



• Era necesario que actuaran por fe, como si ya hubieran sido sanados, antes de que la curación se 

efectuara. 

• El que no se allega al Señor con fe no debe esperar "que recibirá cosa alguna del Señor" (Santiago 

1:7; Hebreos 11: 6). 

• La obediencia manifiesta que hay fe, porque "la fe sin obras es muerta" (Santiago 2: 17- 20). 

• El que tiene una fe genuina vivirá de acuerdo con todos los mandatos de Dios; pero sin fe es im- 

posible e inútil obedecer. 

• Fe y obediencia se complementan; la una no puede existir sin la otra (Santiago 2: 17). 

3. Descubre, ¿Cuáles fueron las razones, por las que el leproso samaritano (sanado) vino a agrade- 
cer a Jesús? ¿Por qué los demás no lo hicieron? 

"Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró 
rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano " 

Uno de ellos comprendió que el poder divino lo había liberado de las ataduras de su espantosa enferme- 
dad, y puso en primer lugar lo más importante: glorificó a Dios. Este samaritano se destaca en el regis- 
tro evangélico como un modelo de gratitud 

Los otros nueve posiblemente creyeron que como eran hijos de Abrahán, merecían ser curados. Pero este 
samaritano, que quizá consideraba que no merecía la bendición de la salud que tan repentina e inespera- 
damente había recibido, apreció el don que el cielo le había concedido. Los que se olvidan de agradecer 
a Dios por las bendiciones que reciben y no aprecian verdaderamente lo que Dios hace por ellos, co- 
rren el grave peligro de olvidarlo por completo (Romanos 1: 21-22). 

En la historia de los diez leprosos, solamente uno agradeció y glorificó a Dios. Jesús dijo: "¿No son diez 
los que fueron limpios? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino 
este extranjero?" (Lucas 17:18,19). En este episodio es una clara evidencia de que a Dios le agrada si 
apreciamos las bondades recibidas de su mano. Los nueve deberían haber estado profundamente agra- 
decidos, pero era evidente que no lo estaban. Por lo menos no expresaron ningún aprecio. Jesús llamó al 
samaritano, un extranjero. A pesar de saber que él era samaritano y extranjero, Jesús no lo discriminó, si- 
no que recompensó su fe. Estos encuentros muestran que Jesús no se conformaba a los prejuicios de su 
tiempo. 

V. GENTE DE TODA CLASE 

Jesús y la humanidad 

"Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la 
vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecie- 
ron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para 
que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese tes- 
timonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo 
estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le reci- 
bieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos 
hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, 
sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del 
unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:3-14) 

1. ¿Quién es nuestro Creador y Redentor? 

La íntima relación de Cristo con el Padre en la obra de la creación se presenta vez tras vez en el Nuevo 
Testamento (Romanos 11: 36; 1 Corintios 8: 6; Colosenses 1: 16-17; Hebreos 1: 1-2; Apocalipsis 3: 14). 

Aquí Juan presenta a Cristo como el Creador de todas las cosas, así como en Juan 1: 14 lo hace resaltar 
como el instrumento de la misericordia divina y de la gracia para la restauración o nueva creación de to- 
das las cosas. En la eternidad pasada, el Verbo no fue una entidad pasiva e inactiva, sino que estuvo acti- 
va e íntimamente relacionado con el Padre en el desarrollo y en el manejo de "todas las cosas". 

Juan describe la creación como un acto completo. Las cosas materiales no son eternas; hubo un tiempo 
cuando "fueron hechas". Nuestro Señor Jesucristo en nuestro Creador, pero también nuestro Redentor. 
Dio su vida en rescate de muchos, sin tomar en cuenta la raza, la nacionalidad o el origen étnico. El ver- 

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dadero cristianismo es el único que elimina las distinciones basadas en raza, nacionalidad y condición 
social. No hay fronteras, Pablo dijo: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni 
mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Colosenses 3:28). 

Debido al pecado, el hombre se separó de la fuente de la vida, y, por lo tanto, se convirtió en subdito de 
la muerte; pero la esperanza de la vida eterna fue restaurada por medio de Jesucristo (Romanos 5: 12, 18; 
6: 23), y con ella todo lo que Adán perdió debido a la trasgresión (Juan 10: 10; 11: 25; 14: 6). "En Cristo 
hay vida original, que no proviene ni se deriva de otra" {El Deseado de todas las gentes, p. 489). 

Durante mucho tiempo las tinieblas espirituales habían envuelto a las almas de los hombres, pero la "luz 
verdadera" de la vida divina y de la perfección divina ahora resplandece para iluminar el sendero de cada 
hombre (Isa. 9: 1-2). La luz del cielo no sólo brilla a través de Cristo; él es esa luz (Juan 1: 9). Juan cita 
esta afirmación de Jesús vez tras vez (Juan 8: 12; 9: 5; 12: 35, 46; 1 Juan 1: 5-6; 2: 8). La luz siempre ha 
sido un símbolo de la presencia divina (Génesis 3: 24). Dios inundó el mundo de luz en el primer acto de 
la creación (Génesis 1:3); así también cuando Dios emprende la obra de volver a crear su imagen en las 
almas de los hombres, primero ilumina sus corazones y mentes con la luz del amor divino (2 Corintios 4: 
6). "Contigo", dice el salmista, "está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz" (Salmo 36: 9). 

2. ¿Por qué muchos hombres y mujeres han olvidado su Creador? 

En su estado de ceguera espiritual, en general los hombres se habían olvidado de la luz y no estaban dis- 
puestos a recibirla. Sin embargo, la percepción espiritual de Juan lo condujo a que reconociera al Mesías 
(Isaías 6: 9; 2 Corintios 4: 4; Apocalipsis 3: 17-18). 

• De Cristo procede toda la luz que tienen los hombres {El Deseado de todas las gentes, pp. 429- 
430). La luz verdadera brilla sobre todos los hombres en el mismo sentido en que Jesús murió por 
todos los hombres, pero esto no significa que todos los hombres sepan en cuanto a él o que serán 
salvados. Juan aquí no se refiere a una chispa vaga de luz que esté en las almas de todos los hom- 
bres santos, pecadores y paganos por igual sino a la luz del conocimiento salvador de Jesucristo 
{El Deseado de todas las gentes, p. 283). En los versos 10-12 Juan aclara que, en el caso de la 
mayoría, "el mundo no le conoció" y "los suyos no le recibieron". Por lo tanto, éstos no fueron 
iluminados por la "luz verdadera". Por eso Juan se apresura a añadir que sólo "los que le recibie- 
ron" y creyeron en él son aquellos a quienes aquí se hace referencia {El Deseado de todas las gen- 
tes, p. 283). 

3. ¿Por qué Cristo vino a esta tierra? ¿Quiénes serán salvos? 

Juan presenta como un error la creencia de que sencillamente porque Cristo murió por todos los hombres, 
todos serán salvos. También presenta como igualmente falsa la creencia de que Dios predestina a ciertos 
hombres para que sean salvos y a otros para que sean condenados. Enfáticamente, Juan declara que el 
factor decisivo radica en los hombres mismos. "A todos" los que le reciben y creen en él se les da el de- 
recho de ser hijos. 

4. ¿Qué significa creer en Dios? ¿En quién radica la Salvación? 

Creer en el nombre de alguien significa creer lo que esa persona dice. Los demonios creen que hay un 
Dios (Santiago 2: 19), pero esto es completamente diferente de creer "en el nombre de Dios". La primera 
es una vivencia intelectual; la segunda es moral y espiritual. 

• Creer en el nombre de Cristo es posesionarse de los recursos de la salvación en Cristo Jesús. 

• La fe es la condición con la cual Dios ha creído conveniente prometer el perdón a los pecadores. 

• No hay virtud alguna en la fe por la cual se pueda merecer la salvación, pero la fe puede aferrarse 

de los méritos de Cristo, el remedio concedido para el pecado. 

Cada fase principal de la vida de Cristo jugó un papel importante en la obra de la salvación. 

• Su nacimiento virginal reunió las apartadas familias de la tierra y del cielo. Jesús trajo a la Deidad 

a la tierra a fin de que pudiera llevar consigo la humanidad de vuelta al cielo. Su vida perfecta 
como hombre nos da un ejemplo de obediencia (Juan 15: 10; 1 Juan 2: 6) y santificación (Juan 
17: 19). Como Dios, nos imparte poder para obedecer (Romanos 8-34). 



• Su muerte vicaria hizo posible que nosotros disfrutáramos de un tiempo de prueba (CMC 143) y 

que él justificara a "muchos" (Isaías 53: 5, 11; Romanos 5: 9; Tito 2: 14). 

• Por fe en su muerte somos liberados de la culpa del pecado, y por fe en su vida, del poder del pe- 

cado, (Romanos 5: 1, 10; Filipenses 4: 7). 

• Su gloriosa resurrección nos asegura que un día nosotros también seremos "revestidos" de inmor- 

talidad (1 Corintios 15: 12-22, 51-55). 

• Su ascensión confirma su promesa de que volverá y nos llevará consigo ante el Padre (Juan 14: 1- 

3; Hechos. 1: 9-11) y así completará la obra de salvar a "su pueblo". 

Estos cinco aspectos de la misión de Cristo en la tierra fueron anticipados en las profecías (Isaías 9: 6-7; 
53; 61: 1-3; Salmo 68: 18). 

Derribando barreras culturales v políticas: creación v redención 

1. ¿Cuál es actitud de Dios hacia todas las razas y pueblos? (Hechos 17:26-28; Hebreos 2:9) 

"Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y 
les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en al- 
guna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Por- 
que en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han di- 
cho. Porque linaje suyo somos" (Hechos 17:26-28) 

Pablo está presentando la verdad histórica de que todos los hombres y, en consecuencia, todas las nacio- 
nes, emanaron de un antepasado común: Adán. Esta creencia, ningún griego, y menos ateniense, estarían 
dispuestos a aceptar. 

• Para los atenienses la distinción entre griegos y bárbaros era radical y esencial. Se creía que por 

naturaleza el uno era esclavo del otro. Pero en la teología de Pablo no había lugar para una ra- 
za superior. El creía en el relato de la creación del hombre, que se presenta en el Génesis. Veía 
la unidad de la estructura física, del potencial, del verdadero desarrollo, lo que prohibe que una 
raza o nación hebrea, griega, latina o teutónica pretenda ser la flor y nata de la humanidad. 

• En Gálatas 3: 28 y Col. 3:11, Pablo destaca la unidad que se había alcanzado por medio de la fe 

en Cristo. El cristiano está doblemente obligado a reconocer la unidad del hombre: por crea- 
ción y por redención. Un eslabón adicional en el razonamiento de Pablo. 

• El Creador determinó que los hombres poblasen todas las partes de la tierra, sin asignar superiori- 

dad a los habitantes de una determinada región. 

• Dios organizó la creación de tal manera que todos, si así lo desean, puedan buscarlo y encontrar- 

lo. Dios espera que los hombres lo busquen. La única duda implícita aquí se debe a que a menu- 
do los hombres no desean buscarlo. El Señor está cerca de los hombres, aun cuando ellos no lo 
reconozcan. Esto hace que sea comparativamente sencillo que ellos encuentren a Dios, porque él 
está a su lado esperando que lo busquen y ayudándoles en sus esfuerzos para descubrirlo. 

• Dios puede revelarse, y lo hace de acuerdo con la medida de celo y fervor que demuestren los que 

lo buscan. En este punto los estoicos podían encontrar paralelos entre su enseñanza y el pensa- 
miento de Pablo; pero los epicúreos tenían que alejarse porque las palabras del apóstol constitu- 
ían un ataque contra el ateísmo básico de su sistema. 

Por otra parte, las palabras de Pablo expresan el pensamiento de que no sólo nuestra confianza inicial de- 
pende del Creador, sino que todas nuestras actividades físicas, mentales y espirituales derivan de él. En 
la enseñanza del apóstol, la personalidad del Dios omnipotente y omnisciente no se fusiona en el alma 
impersonal del mundo, como es el caso en el dios de los panteístas, sino que se presenta con majestuosa 
distinción en el carácter de Creador y Sustentador de la vida. "Por medio de los agentes naturales, Dios 
obra día tras día, hora tras hora, y en todo momento, para conservarnos la vida, fortalecernos y res- 
taurarnos . . . Lo que obra por medio de estos agentes es el poder de Dios" {El ministerio de curación, 
pp. 75-76). 

REFLEXIONES Y APLICACIONES PARA LA VIDA 

Mí querido(a) amigo(a), hermano(a): ¿Conoces quién se sienta a tu lado en la clase? ¿Le das la bienvenida? ¿El 
compañerismo es una de las características de tu iglesia? ¿Se sienten cómodos los nuevos conversos con la es- 
tructura social de tu iglesia? ¿Fomentas en tu iglesia el hábito de conocer personas nuevas? ¿De qué ma- 
nera podemos hacer nuevas amistades dentro la iglesia? ¿Cuántas nuevas amistades has tenido en este 
primer mes del año? ¿Cuan dinámico has sido para traer visitas en las noches de culto? ¿Cuáles son tus 

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objetivos para traer almas a los pies de Cristo en este trimestre? En tu ciudad o comunidad, ¿Cuántos sa- 
ben que usted es un cristiano? ¿Dónde se encuentra la iglesia? ¿Saben, quiénes son los adventistas? ¿Tie- 
ne tu iglesia un equipo de recepción a la puerta del santuario para dar la bienvenida? 

Reflexiona conmigo el siguiente texto: "El Señor desea que sus siervos escogidos aprendan a unirse en esfuerzo 
armonioso. Puede ser que a algunos les parezca que el contraste entre sus dones y los de algún colaborador suyo es 
demasiado grande para permitirles unirse en un esfuerzo armonioso; pero cuando recuerden que hay diversas men- 
tes que alcanzar, y que algunos rechazarán la verdad según la presente un obrero, tan sólo para abrir su corazón 
a la verdad de Dios según la presente de diferente manera otro obrero, procurarán con esperanza trabajar juntos 
en unidad. Sus talentos, por diversos que sean, pueden hallarse todos bajo la dirección del mismo Espíritu. En cada 
palabra y acto, se revelarán bondad y amor; y al desempeñar fielmente cada obrero el cargo que le ha sido señala- 
do, la oración de Cristo por la unidad de sus discípulos quedará contestada, y el mundo sabrá que son discípulos 
suyos" {Obreros evangélicos, p. 498). 

Ore conmigo, por favor..." Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios 
poetas también han dicho. Porque linaje suyo somos" (Hechos. 17:28)... Feliz sábado 



El evangelio incluye a todas las personas. 

Bibliografía: Melbourne Bertram, El discipulado cristiano, Guía de estudio de la Biblia, Edición para maestros, 
Enero-Marzo de 2008 N otas de E.G. White para las Lecciones de la Escuela Sabática, Enero-Marzo de 
2008 G. White Ellen: El Deseado de todas las gentes, Servicio Cristiano Eficaz Asociación General de la Igle- 
sia Adventista del Séptimo Día: Comentario Bíblico adventista del Séptimo Día, Tomo V- Diccionario Bíblico Ad- 
ventista del Séptimo día, - Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, 1988 & 2006, _D. Thomas Jerry, Las 28 

Creencias fundamentales para mí, APIA, 2007, _ Martín Carlos, Como trastornar al mundo, ACES, 2000 De la 

Cruz Misael, Discipulado en los pasos de Jesús, Segundo Diplomado teológico, Universidad de Linda Vista, 

2007 Burrill Russell, Reavivamiento del discipulado, APIA, 2007 Ariyaratnam Indrani, Escasa Malou, Abdool 

Karen, Acevedo Wanda, K Julene, et al, Jesús: un don único, Guía de es estudio de la Biblia para jóvenes, El uni- 
versitario, Enero-Marzo de 2008. 

Hermanos y maestros de la Escuela Sabática, espero que les pueda servir de ayuda este material. El propósito es, 
abarcar toda la lección de la semana; considerando los objetivos principales y aplicándolos en nuestra vida cristia- 
na.. .gracias por las sugerencias y comentarios que nos han enviado; que la honra y la gloria sea para Dios. Ahora el 
correo es: delfino_comessab@hotmail.com ¡Dios les bendiga hermanos en cada una de sus actividades!, y espe- 
rando pronto la bendita esperanza de la Segunda Venida de Cristo Nuestro Señor, se despide su hermano en Cristo: 
Defino Jarquín López.